¿EL GRAN ASUNCIÓN O LA GRAN ASUNCIÓN? (regresar al índice)
Suele haber vacilaciones en cuanto al género gramatical de esta frase, con la que se quiere indicar el área geográfica no muy bien determinada que comprende la capital del país y los municipios más cercanos a la misma.
Los que utilizan la frase el Gran Asunción, posiblemente estén influenciados por la expresión el Gran Buenos Aires, utilizada por los rioplatenses para referirse a la Capital Federal de Argentina y las ciudades circunvecinas de la Provincia de Buenos Aires. El nombre de la ciudad de Buenos Aires siempre ha sido considerado de género masculino. Así lo confirma, entre otros, la letra de un conocido tango popularizado por Gardel, que en una parte dice: “Mi Buenos Aires querido”.
En cambio, el nombre de la ciudad de Asunción, “la muy noble y muy ilustre” (Eloy Fariña Núñez, en Canto Secular), creemos que debe utilizarse en género femenino, de conformidad con los usos más extendidos en la literatura y en las canciones folclóricas de nuestro país. Así, por ejemplo, Carlos Zubizarreta inicia el Capítulo X de su obra “Historia de mi ciudad” con el título “Perfil y dimensión de la Asunción colonial”. Una difundida canción paraguaya, dedicada a la ciudad capital del Paraguay, comienza así: “A ti, bella Asunción, yo te distingo”. Además, la palabra “Asunción” es, semánticamente, de género femenino.
A mayor abundamiento, los diarios paraguayos suelen utilizar en sus titulares el género femenino para referirse a la ciudad de Asunción. En el 2003, aparecieron estos títulos: “Asunción, lista para ser una aldea global” y “En la Gran Asunción, el parque vehicular es de unos 300.000…”, ambos del diario ABC Color, al igual que el título que se lee en la edición del 30 de junio de 2004, del mismo periódico: “Intendentes de la Gran Asunción cuestionan ‘voracidad’ de ediles”.
Sintetizando, somos de parecer que, cuando nos referimos a la ciudad de Asunción y a las ciudades circunvecinas, debemos utilizar el sintagma nominal “la Gran Asunción” y no “el Gran Asunción”, como a veces se escucha decir a los presentadores de noticias de TV.
AGUIAR B., Juan E. Las dudas del hispanohablante paraguayo: Incorrecciones que se deslizan en el lenguaje no vigilado. Curiosidades lingüísticas y soluciones a diversas cuestiones idiomáticas. 2005
¿HILACIÓN O ILACIÓN? (regresar al índice)
Cuando nos referimos a la “trabazón razonable y ordenada de las partes de un discurso” o a “la acción y efecto de inferir una cosa de otra”, estamos definiendo el término ilación (sin “h” inicial), que no deriva del verbo “hilar”, sino del sustantivo latina “illatio”, y este del supino “illatum” del verbo irregular “inferre”, inferir.
AGUIAR B., Juan E. Las dudas del hispanohablante paraguayo: Incorrecciones que se deslizan en el lenguaje no vigilado. Curiosidades lingüísticas y soluciones a diversas cuestiones idiomáticas. 2005
¿EL LAVARROPAS O LA LAVARROPA? (regresar al índice)
La máquina para lavar ropa que en otras regiones hispanohablantes se llama lavadora, se conoce, en los países del Río de la Plata, como lavarropas o lavarropa (con s final o sin ella). Según el DRAE, este sustantivo es de género ambiguo; lo cual significa que dicho vocablo se puede usar indistintamente en cuatro formas: el lavarropa, el lavarropas, la lavarropa y la lavarropas.
En resumen, la máquina de marras puede lavar bien cualquier ropa, se utilice con -s final o sin ella, y en masculino o femenino.
AGUIAR B., Juan E. Las dudas del hispanohablante paraguayo: Incorrecciones que se deslizan en el lenguaje no vigilado. Curiosidades lingüísticas y soluciones a diversas cuestiones idiomáticas. 2005
¿CIEN POR CIEN O CIEN POR CIENTO? (regresar al índice)
Suelen presentarse vacilaciones en el uso de estas locuciones adverbiales. Anteriormente, solo se admitía como correcta la segunda locución, en razón de que el numeral ciento podía apocoparse únicamente cuando precedía a un sustantivo, como cuando se dice: “cien años”, “cien personas”, etc. Sin embargo, tal vez por imposición de su extendido uso, actualmente se considera tan correcto decir “cien por cien” como “cien por ciento”, cuando con dichas locuciones se quiere indicar “en su totalidad”, “del principio al fin”, etc. (Cf. DRAE, 2001)
AGUIAR B., Juan E. Las dudas del hispanohablante paraguayo: Incorrecciones que se deslizan en el lenguaje no vigilado. Curiosidades lingüísticas y soluciones a diversas cuestiones idiomáticas. 2005
¿LA FISCAL O LA FISCALA? (regresar al índice)
Acudiendo al Diccionario oficial (vigésima segunda edición), encontramos que el vocablo fiscala es de género femenino y significa, en su primera acepción: “Mujer que ejerce el cargo de fiscal”. De manera que, en este sentido, es correcta la locución “la fiscala”. Por otro lado, el vocablo fiscal, que es de género común, en su segunda y tercera acepciones, significa “ministro encargado de promover los intereses fiscales” y “persona que representa y ejerce el ministerio público en los tribunales”, respectivamente. Por tanto, también es correcta la locución “la fiscal”, para el género femenino. Pero, las funcionarias que representan y ejercen el ministerio público en los tribunales deberían defender su género, prefiriendo “la fiscala” a “la fiscal”, de acuerdo con la sugerencia o recomendación dada hace unos años por la Unesco, que propone que “las palabras masculinas que nombran oficios o profesiones se conviertan en femeninas, si son estos desempeñados por mujeres”.
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¿LA JUEZ O LA JUEZA? (regresar al índice)
El Diccionario considera la palabra juez como de género común (el juez y la juez) en su primera acepción, y registra la siguiente acepción genérica: “Persona que tiene autoridad y potestad para juzgar y sentenciar”. Pero también figura en el DRAE el vocablo femenino jueza, que es definido así: “Mujer que desempeña el cargo de juez”. Se puede deducir, entonces, que a una persona de sexo femenino que ejerce el cargo de juez, en cualquier ámbito, se la puede llamar indistintamente la juez o la jueza, debiendo preferirse esta última por consideración de género.
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¿EL MARATÓN O LA MARATÓN? (regresar al índice)
Esta palabra evoca el nombre de una pequeña aldea situada en la región del Ática, de la Antigua Grecia, al nordeste de Atenas, llamada Maratón (en gr., Marathón), célebre por la extraordinaria victoria alcanzada, en el año 490 a. de J. C., en los campos cercanos a dicha población –ubicados “aproximadamente a diez mil pasos” (circiter millia passum decem, según Cornelio Nepote) de la aldea– por el general ateniense Milciades sobre el ejército que envió el rey persa Darío I. Conforme a los relatos de Nepote y de otros cronistas antiguos, al consumarse la victoria de los griegos, un soldado de nombre Filípides (según algunos) o Diomedón (según otros) corrió a pie de Maratón a Atenas (una distancia superior a 42 kilómetros), para dar la noticia a los atenienses, y, una vez cumplida la misión, cayó muerto de agotamiento. En homenaje a la “carrera pedestre” realizada por el soldado, la modalidad atlética (maratón) fue introducida desde 1896en los Juegos Olímpicos Modernos por el Barón de Coupertin.
El Diccionario académico (22.a edición) registra tres acepciones del vocablo maratón: 1. En atletismo, carrera de resistencia en la que se recorre una distancia de 42 km y 195 m. 2. Competición de resistencia. 3. Actividad larga e intensa que se desarrolla en una sola sesión o con un ritmo muy rápido.
En las tres acepciones, maratón figura como nombre masculino. Ejemplos:
1. Un atleta italiano ganó el maratón de los Juegos Olímpicos de Atenas.
2. Andrés compitió exitosamente en un maratón de baile español.
3. Estaba muy cansado después del maratón de entrevistas.
Pero, al final de cada una de las tres acepciones, figuran las siguientes abreviaturas: U.t.c.f., que significan “Usado también como femenino”.
En conclusión, el vocablo maratón, en primer lugar y con preferencia, es de género masculino, sin perjuicio de que se lo pueda usar también como femenino, porque así se halla registrado, como segunda opción, en el DRAE. Academia dixit.
AGUIAR B., Juan E. Las dudas del hispanohablante paraguayo: Incorrecciones que se deslizan en el lenguaje no vigilado. Curiosidades lingüísticas y soluciones a diversas cuestiones idiomáticas. 2005
¿CERCA MÍO O CERCA DE MÍ? (regresar al índice)
Algunos adverbios seguidos de la preposición “de” forman locuciones o giros prepositivos que dan origen a complementos cuyos términos (o núcleos) son pronombres. Ejemplos: cerca de mí, detrás de él, delante de nosotros, detrás de ti, etc.
La norma culta establece que es incorrecto el uso del adverbio seguido de los posesivos plenos mío, tuyo, suyo, nuestro, etc. No son, pues, recomendables las secuencias cerca de mí (por cerca de mí), detrás suyo (por detrás de él, ella o sus plurales), delante nuestro (por delante de nosotros), detrás tuyo (por detrás de ti o de vos), etc.
Sin embargo, como excepción, la Academia admite como correcto dicho uso en las frases alrededor mío, tuyo, suyo, nuestro, etc., en razón de que el adverbio alrededor está formado por la contracción “al” seguida del sustantivo rededor (contorno). Ejemplo: “Mira mi padre alrededor suyo” (Fuentes, México)
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